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Pedir ayuda cuando vas en silla de ruedas: Algunos consejos

Pedir ayuda

¿Eres el tipo de persona a la que no le gusta pedir ayuda? A algunas personas les resulta más difícil hacer que a otras aceptar que necesitan ayuda. Pero cuando tienes una lesión medular (especialmente al principio), te ves obligado a pedir ayuda.

Algunas de las cosas que podías hacer antes de la lesión, seguramente te resultará imposible realizarlas sin ayuda. No es malo pedir ayuda a la gente que te quiere. Necesitas tiempo para adaptarte a tu nuevo estilo de vida. Pero si todavía te resulta difícil hacerlo, prueba algunas de estas sugerencias.

¿Cómo pedir ayuda?

Para pedir ayuda, primero organízate. Haz una lista de las cosas que no podrás hacer tu solo durante los primeros meses después de la lesión. Estas pueden ser cosas que eventualmente aprenderás a hacer por tu cuenta. Tómate tiempo para ajustar tus capacidades a tu nueva vida. Algunas cosas para las que puedes necesitar ayuda son: ir de compras, lavar la ropa o cortar el césped. Al escribir esta lista, piensa en la frecuencia con la que necesitas estas cosas.

A continuación, haz una lista de todas las personas que te han ofrecido ayuda. Piensa en su vida y cuánto tiempo pueden estar disponibles. Por ejemplo, un amigo puede trabajar toda la semana pero estar libre el fin de semana. Tu tía, que está jubilada, puede estar disponible durante la semana, por las tardes. También debes considerar la confianza que tienes con esa persona y lo íntimas que son algunas de las cosas que puedas pedir. Anota toda la información importante que te sugiero.

Ahora haz otra lista. En esta lista, haz coincidir cada tarea con la persona que más se adecua para la tarea. Una vez hecho esto, coge el teléfono y llámale. Durante la conversación, sé directo. Asegúrate de preguntarle directamente, e incluye fechas y horas específicas. No preguntes a la ligera: “Si te apetece algún día, ¿puedes llevarme al supermercado?” En lugar de preguntar, “¿Puedes llevarme al supermercado todos los lunes por la tarde?”

¿Por qué es tan difícil pedir ayuda?

Para superar tus miedos, será útil entender por qué pedir ayuda puede ser tan difícil. Piensa en qué es lo que hace que te sea tan difícil pedir ayuda. Cuando lo identifiques, piensa en cómo superarlo y verás cómo te sientes más cómodo cuando tengas que pedir ayuda. Aquí te detallo algunas razones comunes por las que a la gente le cuesta pedir ayuda:

  • Miedo a que nos digan, “No”

Para pedir ayuda, se necesita mucho coraje. Cuando alguien nos dice, “No”, incluso si tienen una buena razón, podemos sentirnos rechazados. Trata de recordar que hay muchas razones por las que la gente puede tener que decir que no. Realmente tiene más que ver con ellos que contigo. Incluso si la razón es que no están cómodos ayudando con una determinada tarea, ten en cuenta que se trata de su malestar, no de su necesidad. Y si te rechazan, lo que significa es que tu situación no ha cambiado. Tendrás que pedir ayuda a otra persona, pero ten en cuenta que no ha ocurrido nada malo.

  • Miedo a ser visto como incapaz al pedir ayuda

Nadie quiere ser visto como débil o incapacitado. A veces, obstinadamente persistimos en intentar hacer las cosas nosotros mismos, cuando no deberíamos estar haciéndolo. Cuando llegue el momento de pedir ayuda, una manera de sentirte un poco mejor es haciendo coincidir tu tarea con alguien que sea un “experto” en ella. Por ejemplo, si necesitas ayuda para cocinar, pedírselo a un amigo que apenas sabe hacer un huevo frito, puede hacer que se sienta mal. Confiar en alguien que hace algo peor de lo que lo hacías tú, puede hacer que ambos se sientan como dos discapacitados. Sin embargo, si tu madre es una cocinera maravillosa, pedirle ayuda con la comida puede hacer que te sientas más como que estás pidiendo ayuda “experta”, en lugar de parecer que no puedes hacer nada en absoluto.

  • Miedo a ser una carga cuando necesitas pedir ayuda

A la mayoría de la gente no le gusta sentirse como una carga para los demás. Este sentimiento puede ser especialmente fuerte cuando estamos enfermos o heridos, porque necesitamos mucha ayuda. Suponemos que la persona que nos ayuda tiene “mejores cosas que hacer”, o que ya está demasiado ocupada para tenerse que ocupar de mí también. Para combatir este “miedo”, piensa en cómo te sentirías si la situación fuera al revés. ¿Te sentirías honrado de que tu amigo confíe en ti lo suficiente como para pedir tu ayuda? ¿Estarías contento de tener la oportunidad de demostrarle tu aprecio de una manera tangible? Si la persona a la que pides ayuda está demasiado ocupada, probablemente te lo dirá. De lo contrario, puede asumir que está dispuesto a ayudar.